viernes, 26 de mayo de 2023

⭐🔴 PÁRROCO ATRAPADO EN LA GUERRA DEL AÑO 1812»ðŸ”´

 ⭐🔴 PÁRROCO ATRAPADO EN LA GUERRA DEL AÑO 1812»ðŸ”´⭐

Por Óscar Cortés Palma 

Se comparte una carta del Pbro. Miguel González de Aller y Soto, párroco de Atlacahualoya, Axochiapan, Tenango y demás pueblos.


El sacerdote relató los sufrimientos vividos en la lucha de independencia, cuando fue capturado y anduvo once meses habitando un territorio controlado por las fuerzas insurgentes [de diciembre de 1811 a octubre de 1812].


Según el cura, fue rescatado, cuando el gobierno Virreynal tomó el control de la región (en ese entonces, había desorden no se sabía quién andaba con quién).


El cura dijo que fue conducido a la fuerza y preso en cuatro ocasiones por los insurgentes, tres con todo y los aparatos de reo de mucha consideración, principalmente cuando lo llevaron a Coayuca, Cuautla y [Chietla].


Pidió, al gobierno Virreynal no ser considerado traidor porque siempre fue leal al «gobierno español» a diferencia de los demás curas de la región (Mariano Matamoros, Mariano Antonio de Tapia y cía) que se volvieron insurgentes y se fueron con el Gral. Cura José María Morelos.


Esta es una de varias cartas del sacerdote Pbro. Miguel Gzlez de Aller y Soto, relatando sus sufrimientos y maltratos, se irán compartiendo una por una, la carta dice así::::::

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A muy pocos días entró [José María] Morelos en Chiautla y sus avanzadas cubriendo todo el territorio, dominaban sin oposición desde primeros de diciembre por haberse retirado los pequeños departamentos de Izúcar y Cuautla y consternándose el país con el horroroso asesinato del comandante [Mateo] Musitu y otros desgraciados europeos en Chiautla. 


Muy inmediato a estos excesos de crueldad y tiranía fueron la prisión y conducción de los curas de Xolalpa y Teotlalco, distante de esta cabecera en unos dos y el otro en siete leguas.


El alboroto y confusión fueron consecuentes a unos hechos que hicieron bastante sensación entre estas gentes que acaso nunca jamás habían tenido la menor idea de semejantes atentados; y yo no teniendo hasta entonces ni sospecha ni fundamento alguno para ella, vivía muy seguro del amor que me mostraban mis pueblos, a excepción de unos cabecillas, que a pesar de finuras nunca pude ganarlos, con lo que permanecía en medio de la tempestad que me amenazaba; pues aunque no temía igual, y aún peor suerte que la de los curas vecinos, por razón de ser europeo; ya me hallaba resuelto a todo trance por trágico y funesto que fuese, y el semblante terrible de la muerte no me horrorizaba. 


Con todo y para precaver en cuanto me fuera posible la temeridad de un arrojo, y no exponer a una violencia la dignidad de mi curato mayormente cuando por los papeles públicos me hallaba instruido de las humillaciones, abatimientos y desacatos inauditos que se habían cometido con varios eclesiásticos seculares y regulares en otras partes; me pareció oportuno, y aun necesario en tan desagradables circunstancias, escribir al cabecilla [José María Morelos] que se hallaba en Chietla, tres leguas de aquí, cuya copia, y la de la respuesta dirijo a VSI [Vuestra Señoría Ilustrísima] el día inmediato a su recibo, que fue el  [17], por el correo de Xonacatepec, y fue el último que salió para México.


Bien me temía yo, sin embargo, de la seguridad que se me prometía en el oficio, que algunos males y no pocos perjuicios había de recaer sobre mí; pero la memoria me representaba con placer aquello de IBANT APOSTOLI GAUDENTES A CONSPESTU CONCILI [los apóstoles iban a estar gozosos en un concilio],


 y no sé que mano oculta, o que impulso superior confortaba mi espíritu para sufrir constante y alegre cuanto la suerte me preparaba, no tan solo PRO NOMINE JESU [en el nombre de Jesús] mas también PRO NOMINE FERDINANDI [en el nombre de fernando]. 

 

En efecto ni lo experimenté en el día próximo 18 de diciembre que asaltando el curato, y osadamente atropellando la sagrada inmunidad del cementerio (por dónde necesariamente habían de pasar, pero pisando los sepulcros) se arrojó a tropel el capitán Camacho con veinte hombres, todos a caballo, atolondrando al mundo con algazara y gritos; y rodeándome con cinco y colocando varios centinelas, me intimó con bastante altivez la orden de pasar inmediatamente con él a presencia y disposición del seudocoronel Bravo; 


lo que no pude evitar ni con hacerle ver el papel de [José María] Morelos, ni el estado infeliz en que me hallaba, pues estaba actualmente enfermo. 


No hubo en fin otro arbitrio que montar a caballo, siendo conducido en medio de la turba armada, y ser presentado a D. Leonardo Bravo en el pueblo de Coayuca, quien me recibió con demasiada aspereza y sequedad a pesar del conocimiento especial, y algún otro favor que le dispensé hallándome de cura en Chilpancingo, y seguramente me hubiera conducido a Izúcar con todo y haber llegado con calentura, si el oficio de su general no hubiera templado su mismo ardor.


Sin embargo, de mi revolución y serenidad, a las que me tenía decidido de antemano la obligación de mi destino; confieso Señor Ilustrísimo, que flaqueó la parte inferior del hombre cuando vi la ingratitud de mis feligreses en la alegre y festiva demostración de risas y palmadas, acciones y expresiones chocantes, e incesantes repiques a vuelta de esquilas;


 pero mucho más cuando supe a ciencia fija las repetidas calumnias con que mis pueblos Atlacahualoya y Axochiapan, pretendieron mi prisión y separación de mi beneficio, especialmente el primero que solicito se le diera licencia para degollarme por ser europeo, y lo mismo a mi familia, y a los de razón [a los blancos acomodados] 

 

de la parroquia siendo así que a excepción de muy pocos, (y que en honor suyo no debo de omitir sus nombres y son: Doña Rafaela Manjarrez, señora viuda que me acompañó seis años, Don Vicente Padilla, me acompaña hace seis años, Don Vicente Padilla, mi notario, Don José Espinal y Simón Silva con sus mujeres e hijos, vecinos del rancho de Alchichica) todos han sido notoriamente traidores, y que voluntariamente se presentaron a [José María] Morelos con armas y caballos, aún hallándose todavía en Chilapa; como todo, eran de razón [personas blancas acomodadas] y trataban de su exterminio.


Esta acción bárbara, cruel y sanguinaria, que ella por si solo está demostrando la inhumanidad y fiereza de estos [caribes], con quienes la fuerza del destino me hace vivir hasta que VSI [Vuestra Señoría Ilustrísima] me mande lo que tenga por conveniente;

 

 y el haber sido conducido preso por cuatro ocasiones, las tres con todo y los aparatos de reo de mucha consideración, principalmente cuando me condujeron a Coayuca, Cuautla y [Chietla] me hicieron perder las ganas de comer, el sueño se retiró de mis ojos, y desde el diez y ocho de diciembre no he tenido un día de salud, 

 

sin embargo, yo he vivido con aquella tranquilidad que es efecto necesario de una conciencia sana, a quien no  excusa ni remuerde la omisión o falta en sus propios deberes y con el placer de que si el diluvio de maldades que ha inundado mi partido (como toda la circunferencia) han naufragado entre las ondas de la insurrección mis feligreses, he salvado en la arca de la lealtad estas personas, que, aunque pocas, han sido mi gloria y mi corona.


S. Ilmo. Señor: sumergido en este piélago de desdichas, y sufriendo el flujo y reflujo del embravecido imán de la rebelión he sobrevivido casi milagrosamente porque Dios me ha dado constancia y fortaleza para beber las aguas amargas de indecibles tribulaciones, ansiedades y penas, que solo les dará valor el que las haya tragado y sufrido; pero que me han sido gratas y dulces porque en medio de tantos peligros yo mismo me decía, ¡O Dios o Fernando!, PROPTEN nos MORTIFICAMU TOTA DIE [por ti nos mortificamos todo el día];  


y no pudiendo hacer más, pago el tributo de mi fe, pudiendo decir francamente, ¡QUID ULTRA DEBUI FACERE? [¡Qué más hacer?]


¡Pero ha! cuando después de una noche tan horrorosa y tan prolongada como de más de once meses y de una [borrasca] tan deshecha en que he estado para perecer tantas veces, amaneció el día claro y sereno en que desvaneciéndose la negra noche de tanto traidor que nos amenazaba, y se dejó ver el rosto benigno y luminoso que anunciaba y [profería] nuestra seguridad con la venida de las tropas del soberano, ¡por quienes suspiraba sin [intermisión] entonces... ¡o dolor! CECE IN PACE AMARITUDO MEA AMARISSIMO [cese en paz mi amarga amargura]. 


Si Ilmo. [ilustrísimo] señor entonces, cuando podía y debía congratularme, transportándome en rezos y satisfacciones entonces digo, se ha lanzado contra mí un rayo fulminante y destructor, una flecha venenosa y mortal pero tanto más formidable y sensible que las que me han disparado hasta aquí cuanto que aquellas se hubieran dirijido a quitarme la vida del cuerpo, pero las de ahora se avanzan a quitarme, destruir y aniquilar la vida del honor que siempre fue mi ídolo, porque con él nací, y he procurado conservarlo como joya de inestimable valor.


Ignoro los motivos; no [alcanzo] las causas; y por mas que reparo mis pensamientos en la amargura de mi alma, y escudriño los fundamentos en que puedan [afianzarnos], y no pudiendo sufrir una mancha tan asquerosa, por la que quedaré envilecido para siempre; suplico rendidamente a VSI [Vuestra Señoría Ilustrísima]


 se digne permitirme el que pido, teniendo al mismo tiempo la bondad de concederme, el que se me forme expediente sobre la materia; y concediéndome licencia para pasar a México, nombre y mande un ministro, idioma mexicano, por el tiempo de mi ausencia, en lo que mereceré justicia y gracia.


Dios nuestro señor guarde y prospere la importante vida de VSI los años que ha menester. Curato de Atlacahualoya de VSI [Vuestra Señoría Ilustrísima] diciembre 15 de 1812.


Ilmo. Señor Dean y cabildo metropolitano SV

Miguel González de Aller y Soto [rúbrica]









FIN

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